Archive for the 'Suciedad' Category

Perder la juventud

Perdemos la juventud el día que dejamos de ser ácratas; el día que comenzamos a comprender y a disculpar al sistema. Perdemos la juventud el día que dejamos de soñar con el paraíso en la tierra, un paraíso para todos; el día que empezamos a llamar con desprecio “utópicos” a los que siguen soñando; el día que se nos despierte el sentido práctico y entramos en el juego y aceptamos las reglas.

Perdemos la juventud el día que nos levantamos dispuestos a vendernos al mejor postor y al mejor impostor; el día que nos doblemos a la sinrazón de la fuerza y del chantaje. Perdemos la juventud el día que en nuestros cuarenta principales llega al número el dinero; el día que admitimos que todo y todos tenemos un precio; el día que estemos dispuestos a vender cualquier cosa, si no por un plato de lentejas, por unos kilos de papel.

Perdemos la juventud el día que aceptamos al ganador y no damos un duro por una causa perdida. Perdemos la juventud el día que aceptemos que esto es lo que hay, que siempre ha sido así y que no se puede hacer nada para cambiarlo. Perdemos la juventud el día que nos miremos a un espejo y no se nos cae la cara de vergüenza porque hemos perdido la vergüenza. Perdemos la juventud el día que miramos alrededor y sólo vemos lo que puede verse; el día que alargamos la mano y sólo tocamos lo que puede tocarse.

Perdemos la juventud el día que el mundo deja definitivamente de ser mágico.

Jesús Quintero (el Loco de la Colina)

Realidad

Porque cuando tus héroes son aquellos que no tienen ningún héroe y tus ídolos los que carecen de ellos; tienes que dejar de mirar a los demás desde abajo y mirarte a ti mismo a la cara.

Diferentes

Todo el mundo tiene problemas. Perdón. Tú más. Por supuesto.

En realidad no. Que coño. Alguien tenía que decírtelo alguna vez. Tu mierda es como la de todo el mundo.

Vaya, lo he soltado. Igual me he pasado. Mejor, más divertido.

Te tomas demasiado en serio. Pero claro, eso es porque eres especial; exactamente igual que todos los demás.

Asúmelo, supéralo, pasa página. No trates de poner entradas “místicas” en tu mierda de blog. Hay pocas cosas más aburridas que un adolescente tratando de hacerse el meláncolico desesperado. (una de ellas es cuando otro se dedica a criticarlo con aire de superioridad pero ya sabías a lo que venías, asique no me vengas con lloros).

En este párrafo pensaba hacer una lista de links a diferentes blogs de entradas terriblemente desgarradoras y aburridamente iguales acerca de gente que ve llover desde su ventana y se encuentra muy triste porque nadie le comprende. Sin embardo, cuando iba a empezar a buscar y copiar urls decidí que pasaba y me puse a ver porno. Ya lo siento (mentira), tendréis que hacer vosotros la lista.

PD:. Abstenerse preguntar si “es por alguien en particular”. No lo es (o sí, pero si no lo he dicho en la entrada no te creas tan especial como para que te lo diga a ti. ¿Acaso no has aprendido nada?). Además, no tiene porqué serlo; también en otras entradas soy un romántico y es todo mentira.

Ficción caballeros (o caballos), Ficción!

Propósitos de Año Nuevo

– Y bien, ¿cuáles son tus propósitos para este nuevo año?

– No hacerme ningún propósito de año nuevo.

– …

– …

– Supongo que sabrás que ir en contra de la moda es también una moda.

– …

– …una viejísima.

joma y un servidor.

Feliz año.

¿Feliz?

Oiga, doctor,
devuélvame mi depresión,
¿no ve que los amigos se apartan de mí?
dicen que no se puede consentir
esa sonrisa idiota.
Oiga, doctor,
que no escribo una nota
desde que soy feliz.

[…]

Oiga, doctor,
devuélvame mi fracaso,
¿no ve que yo cantaba a la marginación?
devuélvame mi odio y mi pasión,
doctor, hágame caso,
quiero volver
a ser aquel payaso
con alas en los pies.

Oiga, doctor. Joaquín Sabina

 

Para los que gustan más del frío que del calor.

Para los que no soportan una sonrisa complaciente en la cara de un imbécil.

Para los que la verdad sólo se puede decir de la forma más descarnada posible.

 

Porque la melancolía es un sentimiento precioso seguiré siendo un payaso con alas en los pies.

Nadie

Pertenezco a esa clase de personas que no cumplen sus promesas. Que nunca dicen “para siempre”.

En el momento en que hago una promesa, estoy viendo delante de mí el preciso instante en que la incumpliré. Pero si insistes, haré la promesa, te convenceré de que esta vez es cierto, de que esta vez será diferente.

Puedes condenarlo, despreciarlo. No importa. En realidad es lo que haces tú, y él, y todo el mundo. La única diferencia es que yo lo sé, lo asumo. Lo siento por no revolcarme en vuestra complaciente hipocresía, pero me resulta molesto.

Quizás no soy una buena persona, puede que tampoco una mala persona. O puede que sí.

Pero… ¿quién eres tú para juzgarme?

Dije que la vida era una broma, no que la broma tuviera gracia.

el Comediante, Watchmen

…y sin embargo, la tiene.

¿Qué diferencia hay entre algunos hombres y los tiburones?

Espero que alguno de vosotros hayáis leido algo de Bertolt Brecht , si no es así espero que este pequeño relato de la colección de “Historias de el Señor Keuner ” os guste, o al menos, os de algo de curiosidad por leer a uno de los mejores escritores de la primera mitad del siglo XX.

Si los tiburones fueran hombres.

— Si los tiburones fueran hombres -preguntó al señor K. la hija pequeña de su patrona- ¿se portarían mejor con los pececitos?

— Claro que sí -respondió el señor K.-. Si los tiburones fueran hombres, harían construir en el mar cajas enormes para los pececitos, con toda clase de alimentos en su interior, tanto plantas como materias animales. Se preocuparían de que las cajas tuvieran siempre agua fresca y adoptarían todo tipo de medidas sanitarias. Si, por ejemplo, un pececito se lastimase una aleta, en seguida se la vendarían de modo que el pececito no se les muriera prematuramente a los tiburones. Para que los pececitos no se pusieran tristes habría, de cuando en cuando, grandes fiestas acuáticas, pues los pececitos alegres tienen mejor sabor que los tristes. También habría escuelas en el interior de las cajas. En esas escuelas se enseñaría a los pececitos a entrar en las fauces de los tiburones. Estos necesitarían tener nociones de geografías para mejor localizar a los grandes tiburones, que andan por ahí holgazaneando.

Lo principal sería, naturalmente, la formación moral de los pececitos. Se les enseñaría que no hay nada más grande ni más hermoso para un pececito que sacrificarse con alegría; también se les enseñaría a tener fe en los tiburones, y a creerles cuando les dijesen que ellos ya se ocupan de forjarles un hermoso porvenir. Se les daría a entender que ese porvenir que se les auguraba sólo estaría asegurado si aprendían a obedecer. Los pececillos deberían guardarse bien de las bajas pasiones, así como de cualquier inclinación materialista, egoísta o marxista. Si algún pececillo mostrase semejantes tendencias, sus compañeros deberían comunicarlo inmediatamente a los tiburones.

Si los tiburones fueran hombres, se harían naturalmente la guerra entre sí para conquistar cajas y pececillos ajenos. Además, cada tiburón obligaría a sus propios pececillos a combatir en esas guerras. Cada tiburón enseñaría a sus pececillos que entre ellos y los pececillos de otros tiburones existe una enorme diferencia. Si bien todos los pececillos son mudos, proclamarían, lo cierto es que callan en idiomas muy distintos y por eso jamás logran entenderse. A cada pececillo que matase en una guerra a un par de pececillos enemigos, de esos que callan en otro idioma, se les concedería una medalla de varec y se le otorgaría además el título de héroe.

Si los tiburones fueran hombres, tendrían también su arte. Habría hermosos cuadros en los que se representarían los dientes de los tiburones en colores maravillosos, y sus fauces como puros jardines de recreo en los que da gusto retozar. Los teatros del fondo del mar mostrarían a heroicos pececillos entrando entusiasmados en las fauces de los tiburones, y la música sería tan bella que, a sus sones, arrullados por los pensamientos más deliciosos, como en un ensueño, los pececillos se precipitarían en tropel, precedidos por la banda, dentro de esas fauces.

Habría asimismo una religión, si los tiburones fueran hombres. Esa religión enseñaría que la verdadera vida comienza para los pececillos en el estómago de los tiburones.

Además, si los tiburones fueran hombres, los pececillos dejarían de ser todos iguales como lo son ahora. Algunos ocuparían ciertos cargos, lo que los colocaría por encima de los demás. A aquellos pececillos que fueran un poco más grandes se les permitiría incluso tragarse a los más pequeños. Los tiburones verían esta práctica con agrado, pues les proporcionaría mayores bocados. Los pececillos más gordos, que serían los que ocupasen ciertos puestos, se encargarían de mantener el orden entre los demás pececillos, y se harían maestros u oficiales, ingenieros especializados en la construcción de cajas, etc. En una palabra: habría por fin en el mar una cultura si los tiburones fueran hombres.